Una joven vicentina reflexiona sobre la vigencia del legado de Federico Ozanam
Compartimos el artículo de Jeannete C. Baptista, joven vicentina de 19 años y presidenta de la Conferencia Saviour of the World de Loutulim, Goa (India), en el que reflexiona sobre la figura del beato Federico Ozanam y la vigencia de su legado, especialmente como ejemplo de compromiso para las nuevas generaciones.
El artículo, titulado «Frédéric Ozanam: el joven que convirtió la fe en acción», fue publicado originalmente en el periódico indio The Navhind Times. En él, la autora recuerda cómo Ozanam, con apenas 20 años, junto a un pequeño grupo de jóvenes universitarios, dio los primeros pasos de lo que llegaría a convertirse en la Sociedad de San Vicente de Paúl.
A continuación, reproducimos íntegramente el artículo, respetando su autoría y contenido original.
Federico Ozanam: el joven que convirtió la fe en acción
Por Jeannete C. Baptista (Presidenta de la Conferencia Saviour of the World, Loutulim, Goa, India)
Tenía solo 20 años cuando ayudó a poner en marcha un movimiento que crecería hasta convertirse en una red mundial al servicio de millones de personas necesitadas. Casi dos siglos después, el mensaje del beato Federico Ozanam sigue siendo extraordinariamente relevante.
¿Qué puede hacer un grupo de estudiantes universitarios frente a la pobreza?
En 1833, un joven estudiante francés llamado Federico Ozanam y un puñado de sus amigos decidieron averiguarlo. Estudiaban en París en una época en la que Francia atravesaba profundas divisiones sociales, pobreza y agitación política. El propio cristianismo estaba siendo cuestionado por muchos intelectuales que ponían en duda su relevancia para la sociedad.
Ozanam podría haber respondido con argumentos y debates académicos. En cambio, propuso algo mucho más práctico: «Vayamos a los pobres».
Aquella sencilla decisión cambió el rumbo de su vida y, con el tiempo, llegó a tocar las vidas de millones de personas en todo el mundo. La Sociedad cuenta con más de 2 millones de miembros y voluntarios en todo el mundo.
La SSVP de India cuenta con más de 62.800 miembros activos.
Goa cuenta con un total de 2.332 miembros a fecha de 31 de marzo de 2026.
Nacido el 23 de abril de 1813 en Milán, Federico Ozanam creció en una familia que valoraba la educación, la fe y el servicio a los demás. Más tarde se trasladó a París para estudiar Derecho y Literatura en la Sorbona. Estudiante brillante y pensador apasionado, llegó a estar cada vez más convencido de que las creencias tenían poco sentido a menos que se tradujeran en acción.
En 1833, con tan solo veinte años, Ozanam y otros seis estudiantes fundaron lo que se convertiría en la Sociedad de San Vicente de Paúl. Su objetivo no era crear una organización caritativa distante, sino construir una comunidad de jóvenes que se encontraran personalmente con quienes vivían en situación de pobreza.
Comenzaron visitando a familias pobres en sus hogares. Llevaban alimentos, ropa y otros artículos de primera necesidad, pero su misión iba más allá de la asistencia material. Escuchaban. Entablaban amistades. Trataban con dignidad y respeto a personas que a menudo eran ignoradas por la sociedad.
Los jóvenes voluntarios recibieron la orientación de sor Rosalía Rendu, una Hija de la Caridad que trabajaba ampliamente entre los pobres de París. Su sabiduría práctica y su compromiso personal influyeron enormemente en la joven Sociedad.
Ozanam comprendió algo que sigue siendo importante hoy: la pobreza no consiste simplemente en la falta de dinero. También puede significar soledad, exclusión, falta de oportunidades y pérdida de la dignidad humana.
Por ello, creía que la caridad nunca debía convertirse simplemente en una transacción entre la persona que da y la persona que recibe. La verdadera caridad crea una relación entre seres humanos. Reconoce la dignidad de la persona que recibe ayuda.
Pero Ozanam fue aún más lejos. Creía que la caridad y la justicia social no podían separarse.
Ayudar a una persona necesitada era esencial, pero la sociedad también tenía la responsabilidad de examinar por qué las personas vivían en la pobreza. Sus escritos abordaban con frecuencia cuestiones sociales y económicas, y defendió una sociedad en la que se respetaran la dignidad y los derechos de los trabajadores.
Esta combinación de compasión, servicio personal y preocupación por la justicia hizo de Ozanam una figura extraordinariamente adelantada a su tiempo.
Su vida no se limitó a la labor caritativa. Se convirtió en un respetado académico, profesor y escritor. Se casó con Amélie Soulacroix en 1841 y tuvieron una hija, Marie. Sin embargo, a pesar de sus logros intelectuales y sus responsabilidades profesionales, su preocupación por la gente común permaneció en el centro de su vida.
Su salud se deterioró debido a la tuberculosis y murió en Marsella el 8 de septiembre de 1853, con tan solo 40 años.
Su historia podría haber terminado allí. En cambio, el pequeño grupo de estudiantes que ayudó a crear creció hasta convertirse en un movimiento internacional.
Hoy, la Sociedad de San Vicente de Paúl está presente en comunidades de todo el mundo, con voluntarios que trabajan junto a personas que afrontan situaciones de pobreza, sinhogarismo, soledad, desempleo y otras dificultades. Su labor se lleva a cabo no solo mediante la asistencia económica, sino también a través de visitas personales, acompañamiento y apoyo práctico.
Ozanam fue beatificado por el papa Juan Pablo II en París en 1997. Este reconocimiento fue especialmente significativo porque Ozanam había demostrado lo que los jóvenes podían lograr cuando el idealismo se combinaba con la acción.
Quizá esa sea la parte de su legado más relevante para el mundo actual.
Vivimos en una época de extraordinario progreso tecnológico y, sin embargo, la soledad, la desigualdad y la pobreza siguen siendo realidades en muchas comunidades. Es fácil hablar de los problemas sociales desde la distancia. Ozanam eligió un camino diferente: fue al encuentro de las personas allí donde estaban.
Su vida plantea una pregunta sencilla a cada generación: ¿qué estamos dispuestos a hacer por alguien que nos necesita?
No hace falta ser rico, poderoso o famoso para marcar la diferencia. Ozanam era un joven estudiante cuando comenzó. No tenía una gran organización detrás de él, ni vastos recursos ni garantía alguna de que sus esfuerzos fueran a tener éxito.
Simplemente creía que la compasión debía ponerse en práctica.
Casi doscientos años después, su ejemplo continúa recordándonos que un cambio duradero puede comenzar con algo tan ordinario y tan poderoso como una persona tendiendo la mano a otra.
Puede que el mayor legado de Federico Ozanam no sea la organización que ayudó a crear, sino la idea que había detrás de ella: que la humanidad se hace más fuerte cuando nos negamos a pasar de largo ante el sufrimiento de otra persona.
