IX Jornada Mundial de los Pobres: «Tú, Señor, eres mi esperanza»
Ayer, domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebró la IX Jornada Mundial de los Pobres, una cita ya arraigada en el calendario litúrgico que fue instituida por el papa Francisco al concluir el Jubileo de la Misericordia en 2017. En Roma, el papa León XIV presidió la Eucaristía en la basílica de San Pedro junto a numerosas personas en situación de pobreza, subrayando que Dios nunca abandona a los pequeños y que es urgente escuchar el clamor de los más pobres. Su homilía estuvo marcada por la llamada a una esperanza que no defrauda y a una Iglesia verdaderamente madre de los pobres y consuelo para quienes más sufren.
El Papa insistió en que los pobres no son una distracción ni simples destinatarios de ayuda, sino hermanos y hermanas amados que ocupan un lugar central en la vida y en la misión de la Iglesia. Tal como recordaba también la reflexión vicentina sobre esta Jornada, uno de sus objetivos es estimular a los creyentes a reaccionar frente a la cultura del descarte y del derroche, asumiendo con decisión la cultura del encuentro. Para la Sociedad de San Vicente de Paúl, esta Jornada resuena de manera muy particular, porque su carisma la sitúa precisamente allí donde viven y sufren los pobres, en sus hogares, barrios y comunidades, compartiendo su mesa y su historia. Siguiendo el ejemplo de san Vicente de Paúl y del beato Federico Ozanam, los consocios descubren en cada persona herida por la pobreza el rostro de Cristo, y aprenden de ellos una fe sencilla que sabe vivir con lo esencial y confiar en la providencia.
Bajo el lema bíblico «Tú, Señor, eres mi esperanza» (cf. Sal 71), propuesto este año por el papa León XIV, se nos invita a pasar de las esperanzas efímeras a una esperanza sólida que nace de la oración compartida con los pobres y del trabajo por una sociedad más justa.
La SSVP desea vivir esta llamada tendiendo la mano, escuchando, defendiendo la dignidad de cada persona y promoviendo cambios estructurales que hagan posible que los frutos del trabajo y los bienes de la tierra sean accesibles para todos.