Fijos los ojos en Cristo
Llegados al final de la Cuaresma y cercana ya la Semana Santa es hora de ver en qué ha quedado la invitación que se nos hizo el miércoles de ceniza: “conviértete y cree en el Evangelio.” Las prácticas cuaresmales del ayuno, la oración y la limosna nos han acompañado en nuestro camino hacia la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y ahora, en esta última semana de Cuaresma –semana de pasión- nos invitan a levantar la mirada y fijar los ojos en la cruz de Cristo.
La vida de los santos acredita que no hay mejor escuela de fe que estar de rodillas ante la cruz de Cristo. Dios transforma un instrumento de tortura en un aula de sabiduría. La contemplación de la cruz es el mejor camino de santidad: solo en ella se aprende a amar hasta el extremo, a perdonar sin límites, a servir sin reservas… en definitiva, a ser verdaderos discípulos de Cristo. Cada día de la semana grande del cristiano es una invitación a configurar la propia vida con la de Cristo crucificado, viviendo el Evangelio con humildad, especialmente en las encrucijadas existenciales de la vida.
La Semana Santa, ya próxima, nos urge a poner la cruz de Cristo en el centro de nuestra vida, para que, como ha recordado el papa León XIV, nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre inquietudes pasajeras. No hay tiempo que perder: fija tus ojos en la cruz de Cristo y aprende de ella a vivir como discípulo. Que la cruz de Cristo no sea solo un adorno sobre el pecho o una procesión en la calle, sino camino que guíe tus pasos, fuerza que te sostenga y horizonte que dé sentido a tu esperanza.
Padre Pepe Orozco, CM